Llegué temprano.
Llegué temprano. Media hora antes y me dispuse a esperar anres de tocar el timbre. Quince minutos para acomodarme, para dudar si me compraba un café en el minisuper de la esquina o me quedaba ahí esperando. Siempre ese afán de hacer, de ocuparme, de salir, de moverme...Y esperé ahí bajo la lluvia, y se me quitó el dolor de garganta, y por un momento olvidé las flemas, que de hecho parecieron ya no estar ahí. Y salio un poco el sol de la tarde, en los edificios de hace 40 años, esos de la ahora vieja Roma. No tener que hablar, ni tener que decir.
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2 comentarios:
Mujer te debo unos tragos, tú dices cuándo... te llevo tus libros, me fueron de gran ayuda.
abrazos, muchos hasta esas lindas fotos que hacen extrañar el campo.
este sábado andaré con mi jefita santa. qué te parece el siguiente?
puedes?
besos. abrazos.
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